KOYASAN

Dejamos Kioto y tras hacer la ruta en tren, a través de pequenos valles y tomar un teleférico en el tramo final, llegamos a  una pequeña planicie en la cima del Monte Koya donde se encuentra el centro del budismo esotérico. Es aquí donde hace doce siglos el sacerdote Kukai (Kobo Daishi) fundó  la sede de la secta Shingon , una fé con numeroso seguimiento en Japón.

Kukai nacido en la provincia de Sanuki (Kagawa) era el tercer hijo de una familia budista. A los 15 años fue a Kioto. Mas tarde, en la Universidad de Letras estudió la historia y los clásicos chinos. Desanimado por la educación formal que estaba recibiendo a los 20 decidió dedicarse a la oración y estudio del budismo esotérico.

Despues de 2 años de estancia en China, en el año 816, Kukai subió a la montana de Koya y comenzó la construcción de un centro de budismo esotérico.

Hoy Koyasan es un área sagrada formada por numerosos templos y pagodas que reciben a visitantes y creyentes de todo el mundo. En 2004 la UNESCO lo nombró Patrimonio Mundial. Es un lugar de peregrinaje para  miles de creyentes.

Merece la pena visitar Koyasan y alojarse en uno de sus templos que ofrecen Shukubo (alojamiento).

Aquí el tiempo se ha parado, Podemos disfrutar de las ancestrales tradiciones de la vida religiosa japonesa y olvidarnos del presente. Los monjes te invitan a participar en sus oraciones y disfrutar de la elaborada comida vegetariana, la shojin-ryori, servida por los monjes más jóvenes.

En la mayoría de Shukubo solo hablan japonés. Sin embargo, en Rengejo-in, uno de los primeros templos que se encuentran al llegar a Koyasan, hablan también ingles. Durante la cena, la madre del Maestro y viuda del anterior Maestro y fundador del templo, sentada a la manera japonesa en medio del comedor, va narrando la apasionante historia de Koyasan y de Regenjo-in.

Okuno-in es el cementerio-templo de Koyasan. Aquí esta enterrado Kobo Daishi, del que se dice que no está muerto sino simplemente descansando en su tumba hasta la llegada de Miroku (el futuro Buda). Desde el siglo XI hasta nuestros días, los budistas japoneses depositan pelo o cenizas de sus parientes difuntos cerca de la tumba de Kobo Daishi para estar cerca de él cuando despierte y ser de los primeros cuando Buda y Kukai vuelvan al mundo.

Después de pasar el puente Ichi-no-hashi se entra al cementerio por un camino de adoquines. Entre las tumbas y monumentos más interesantes se encuentra el monumento a la Hormiga Blanca construído por una empresa de pesticidas en arrepentimiento por los pequeños insectos asesinados. Una nave espacial en honor a un astronauta y por supuesto el Toro-do que es le edificio principal con el mausoleo de Kukai.

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