¿Es bueno tener mucho donde elegir?

Actualmente, para quien se quiere comprar un coche, una cámara fotográfica, un teléfono móvil, un ordenador, cenar en un restaurante o comprar cualquier cosa en un supermercado, el abanico de posibilidades que se le presenta es casi infinito.

Estamos convencidos de que el tener esta inmensa cantidad de opciones entre las que podemos escoger,  nos da la  libertad de decidir por nosotros mismos y nos sentimos mejor. Cuanto mayor sea el número de alternativas donde escoger, más libre será nuestra elección y más satisfacción nos producirá el resultado.

Barry Schwartz, psicólogo y autor del libro “Por qué más es menos”, cuyo título en inglés es “The Paradox of Choice” opina todo lo contrario. El hecho de que, en  todos los aspectos de la vida moderna, las posibilidades de elección sean enormes nos genera dudas y una mayor ansiedad, llevándonos a la insatisfacción. Aunque no tener opciones es indudablemente malo, el tener muchas tampoco es bueno. La incógnita es cuál debe ser el número ideal de opciones.

Cuando vamos al supermercado nos podemos encontrar con más de 175 aderezos para condimentar la ensalada, incluso encontramos más de una docena de diferentes aceites de oliva o de vinagres balsámicos por si ninguno de los 175 aderezos que nos ofrecen en la tienda no es de nuestro agrado. O vayamos a una tienda de vinos. Cientos de vinos se ofrecen ante nuestros ojos. ¿Y para un  teléfono móvil?, decenas de modelos distintos. Hace años si querías  tener un teléfono, éste era fijo y era el que te alquilaba la compañía de teléfonos, porque ni siquiera había la opción de compra. Miremos donde miremos la vida es una cuestión de elección.

Para Barry Schwartz las consecuencias de tantas opciones son:

Parálisis:

Cuando se nos presentan muchas posibilidades de elección nos quedamos bloqueados porque nos sentimos incapaces de conocer toda la oferta y de establecer un criterio con el que elegir. Eso nos lleva a posponer la decisión, en algunos casos indefinidamente. Schwartz nos cuenta como a los empleados de una gran empresa americana se les ofreció elegir entre 50 planes de pensiones y muchos pospusieron la decisión incapaces de establecer cual sería la mejor para ellos. Curiosamente, no tomar una decisión era peor que elegir un plan cualquiera.

Insatisfacción:

Cuando al final superamos la parálisis y elegimos (y estamos contentos con lo elegido), no podemos evitar la duda sobre si la elección ha sido realmente la correcta: Hay tantos tipos de aderezos para la ensalada que al elegir uno, nos entra la duda de que alguno de los que hemos dejado sea mejor, con lo que nos resta satisfacción a nuestra decisión. Esta insatisfacción es generada por el desconocimiento de las otras opciones.

Coste de oportunidades:

Cuando nos decidimos por una opción y descartamos las demás, no disfrutamos con lo que hemos elegido porque nos obsesiona pensar lo bien que estaríamos si hubiésemos tomado otra alternativa. En este caso, a diferencia de la insatisfacción, conocemos las cualidades de las distintas posibilidades. Hay muchos ejemplos en nuestra vida diaria: ver un canal de televisión sabiendo que también te gusta lo que están dando en otros; cenar con unos amigos, cuando también te hubiese gustado ir a un concierto, o al cine o muchas otras cosas posibles. El coste de oportunidad nos reduce la satisfacción en lo que hemos elegido aunque la elección sea satisfactoria.

Aumento de las expectativas:

Agregar opciones, inevitablemente, incrementa las expectativas y nos hace poner los estándares muy altos. Para ello, nos cuenta una experiencia propia: Schwartz quería reemplazar sus viejos pantalones vaquero por unos nuevos. El vendedor le mostró todos los modelos posibles (los pitillo, ancho, recto, corsario, de cintura alta, claro, oscuro, desgastados…). Ante la amplia oferta, Schwartz pidió “el tipo de pantalones vaquero que había cuando sólo había un tipo de pantalones vaquero”. El vendedor no tenía ni idea a qué se refería, así que después de una hora probando pantalones, salió de la tienda con el mejor pantalón que nunca había tenido. Sin embargo, sus expectativas con respecto a los pantalones, crecieron y su satisfacción no fue la misma que cuando sólo había una opción. Si ahora hay 100 modelos distintos, sus expectativas eran de que uno de ellos debía ser perfecto. Ya no se produce lo que él llama sorpresas placenteras (cuando algo supera tus propias expectativas).

Autoculpabilidad:

Cuando había pocas opciones y el resultado no te satisfacía: ¿de quien era la culpa? Por supuesto, de la oferta. Pero cuando las opciones son casi ilimitadas, si la elección no te satisface: ¿Quién es culpable? Yo, porque seguro que había una mejor elección y yo soy el que ha elegido mal y me he equivocado.

En definitiva, es bueno tener opciones, en cualquier caso mucho mejor que no tenerlas; pero tener demasiadas opciones nos genera ansiedad, dudas y menor satisfacción, aunque el valor intrínseco sea mayor.

Interesante teoría que nos hace pensar.  Por supuesto, es altamente debatible. Y posiblemente, todos nos hemos visto en alguna situación semejante a las anteriores.

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3 respuestas a ¿Es bueno tener mucho donde elegir?

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Mireia dijo:

    Tal como apuntas es una teoria interesante a debatir, no la comparto al cien por cien.

    Aunque no creo que la cuestion solo radique en tener demasaida oferta.

  3. TNC dijo:

    A mí, compra tras compra, lo que siempre me produce parálisis, insatisfacción, autoculpabilidad y –además– frustración, inseguridad, cabreo y ganas de retroceder 25 años en el tiempo para evitar el problema, es la adquisición de un ordenador.

    ¿Por qué el modelo y la marca que compré hace 2 años, lo último de lo último, es ahora (con perdón) una mierda? ¿Por qué, como usuario, estoy obligado a saber lo que es el “caché de tercer nivel” o el “Front Side Bus” o qué coño es (con perdón) el “Intel Centrino” o el “Intel Core”?

    ¿Por qué el modelo que te recomienda un establecimiento especializado resulta, según otro establecimiento especializado, que es un modelo que ya ha dejado de fabricarse?

    ¿Alguien sabe si el Dr. Schwartz, además de ser profesor y prolífico escritor, tiene abierta una consulta médica? La próxima vez que tenga que comprar un ordenador igual le pido hora.

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