Los tabúes inconfesables de ser padres

Ser padre es maravilloso. Dicen que es una de las experiencias más felices de nuestra vida. De hecho, cuando una pareja, con una sonrisa de oreja a oreja, nos comunica que van a ser padres por primera vez, les felicitamos con un entusiasmo desbordante e incluso llegamos a decir “bueno…¡esto hay que celebrarlo!”.

Los futuros padres se sienten radiantes y las expectativas no pueden ser mejores. Si su felicidad se incrementó a partir de vivir juntos, con la llegada de un hijo se va a disparar hasta límites insospechados y… ¡más allá!. Observan las imágenes de familias de cine que aparecen en las revistas y echan a volar su imaginación.

Pero… ¿es correcto que los que ya hemos pasado por esa experiencia, y algunos de manera reincidente,  nos quedemos callados ante esa pareja inocente?, ¿es correcto que pequemos de insolidarios y no les digamos dónde se meten?, ¿es correcto que les demos la bienvenida al club de padres sin decirles que se lo van a “currar”?… Ya, ya… “esos locos bajitos se nos parecen y así nos dan la primera ¿satisfacción?”

Hay muchas cosas que la mayoría de los que somos padres pensamos pero nunca nos atrevimos a decir en público: los tabúes inconfesables de ser padres. Es lo que a Rufus Griscom y Alisa Volkman les llevó a crear la web Babble para ayudar a esos padres primerizos.

LOS TRES TABUES “inconfesables”:

1.- “No nos sentimos enamorados de nuestro hijo desde el primer instante en que llega a este mundo”.

Nuestras abuelas, nuestras madres, en las películas, en la TV, a lo mejor “por tradición popular”, nos cuentan como, en el mismo instante en que tu hijo viene a este mundo, emana de tí un amor como no has querido ni querrás a nadie. Todo el dolor que has sentido en ese proceso queda borrado por una felicidad que todo lo inunda. Bueno, será muy poético pero nada más lejos de la realidad, ya que el dolor sigue ahí y el amor no viene de golpe.

El amor es un proceso. Cuando por primera vez tienes a tu hijo entre tus brazos sientes un enorme cariño pero no es una sensación de infinito amor, ni de una magnitud indescriptible de felicidad. Ese cariño no se parece en nada al amor que sentirás por él dentro de cinco años o de diez o de quince. En el momento del parto le quieres, pero nunca como le vas a querer a medida que pasen los años.

2.- “Tener un bebe me produce una inmensa soledad”

A partir del momento en que la mujer se queda embarazada, todo gira entorno a ella. La miman, la cuidan, es el centro de todas las atenciones. Se siente como la esperanza de la humanidad, gracias a ella se va a perpetuar la especie. Todo continúa en el hospital. Las ciento y una visitas, las flores, los regalos, las alabanzas, el cómo ha ido todo, si ha sido una hora corta (que no sé quien se inventó lo de la hora corta porque tiene su miga y merecería otro post).

Pero… cuando llega a casa, de repente se siente aislada de la sociedad. Su mundo cambia radicalmente, ya nada es como antes. No tiene tiempo para conectar con los demás y los demás no conectan con ella porque no tiene tiempo. El 58% de las madres se sienten solas cuando llegan a casa y la proporción aumenta hasta el 67% en madres con hijos de entre 0 y 5 años. En algunas culturas, como en la India, durante el primer mes, las madres primerizas van a vivir a casa de su madre para evitar esa sensación de aislamiento.

3.- “Desde que ha nacido mi hijo, me siento menos feliz”

El matrimonio aumenta la felicidad, los hijos NO. Muchos matrimonios que no tienen hijos ven como la media de su felicidad va aumentando con el tiempo. Cuatro estudios independientes analizan el hecho de ser padres y concluyen que, contrariamente a lo que todo el mundo piensa, la llegada de un hijo no aumenta la felicidad de la pareja sino todo lo contrario, a partir de ese momento empieza a descender y no vuelve a subir hasta que los hijos se van de casa, que en el mundo anglosajón es cuando empiezan la universidad.

Por supuesto que tenemos momentos de felicidad, pero seguidos de tremenda desesperación. Cuando los hijos son pequeños nuestra felicidad tiene altos (su primera palabra, su primer paso, su primera sonrisa,…) y bajos (su otra rabieta, sus enésimo lloro, su continuo no me lo como,…).

En la adolescencia de nuestros hijos, nuestra felicidad ha caído en picado al nivel más bajo. Pero, mirándolo positivamente, todos los estudios llegan a la misma conclusión: se supera y la felicidad remonta.

Lynette Scavo (Mujeres desesperadas) tiene una opinión muy clara sobre ser madre:

En esta escena (en versión original) de Mujeres desesperadas, Lynette da una visión bastante real del hecho de ser madre. (Para ver el video en español dar en el siguiente link)

La línea de la felicidad

Analizando la felicidad de una persona a lo largo de su vida, se ve que la media de la felicidad es ascendente.

En la adolescencia la media de felicidad desciende, aunque es un periodo lleno de grandes altibajos emocionales. En la juventud y en la edad adulta sin niños, esas emociones se estabilizan dando lugar a una felicidad mucho más serena. Sin embargo, con la llegada de los hijos, se vuelven a producir emociones contrapuestas y la media de la felicidad baja considerablemente. Cuando los hijos se van y volvemos a ser dueños de nuestra vida, nuestra línea de la felicidad se estabiliza y comienza a subir.

Los hijos son maravillosos y no podemos vivir sin ellos.  Sin embargo, “tener hijos es como irte de viaje. Crees que vas a hacer un viaje de turismo por Europa y de repente, apareces en el Polo Norte. No es que el Polo Norte sea malo, pero hay que llevar la ropa adecuada e ir mentalmente preparado.”

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2 respuestas a Los tabúes inconfesables de ser padres

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Muy interesante el artículo, Pilar.

    Yo, como soltero cincuentón y sin hijos, no puedo opinar. Pero parece muy razonable lo que dices. Hay que evitar bobaliconerías que sólo llevan a la sorpresa por la dureza de la realidad. Los hijos son, sin ninguna duda, “una” satisfacción y bastantes desazones.

    Como en muchas cosas, la sociedad no prepara a las personas para entender que el amor hay que construirlo (y reconstruirlo) todos los días, y que los hijos son una dura responsabilidad, con muchas satisfacciones cuando miramos atrás.

    En fin, todo lo que contribuya a que las personas entiendan la realidad me parece que contribuye a que puedan defenderse mejor de ella.

    Gracias, Pilar.

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