Geishas y Maikos de Kioto

“Estoy orgullosa de que mi marido se entretenga con una geisha. Cuando se estresa en el trabajo o habla con alguien que no le cae bien, puede ir y tener una conversación con las geishas. Luego, llega a casa con una sonrisa en el rostro y eso me hace feliz a mi también. No sé puede comparar a las geishas con las amas de casa corrientes. Las amas de casa podemos ser unas profesionales a la hora de llevar un hogar, pero si estamos cansadas nos ponemos de malhumor. Sin embargo, en el caso de las geishas, los clientes siempre tienen razón y siempre les dedican una sonrisa. Si nuestros maridos tienen una aventura con una mujer corriente, no nos gusta; pero con una geisha, es un honor.”

Este pensamiento de una mujer japonesa, inimaginable para una mujer occidental, muestra hasta qué punto las geishas son una institución respetada y querida en Japón, donde la mujer, cuya única misión en la vida es llevar la casa y cuidar de su familia, mantiene un segundo plano en la sociedad. El marido apenas hace vida social con su esposa por lo que paga a una geisha para que le entretenga.

Las geishas han sido concubinas de Samurais, amantes de hombres poderosos, aliadas políticas, modelo de patriotismo, han accedido a las más altas esferas del país e incluso han sido las encargadas de despedir a los kamikazes en la II Guerra Mundial. Todo un símbolo para un país lleno de tradiciones ancestrales.

Para una mujer occidental es muy difícil entender el deseo de estas mujeres de acceder a una profesión cuyo único fin es el de mimar el ego masculino. Son uno de los últimos vínculos con el pasado, remanente de otros tiempos que una parte de la sociedad actual japonesa rechaza, haciendo incierto el futuro de las geishas en este siglo XXI.

La historia de las geishas es una historia de más de 400 años llena de turbulencias. En la época de los shōgun, aparecen las primeras geishas. En realidad, no eran mujeres sino hombres que asumían las funciones de bufones de la corte, contaban chistes, bailaban o danzaban mientras mercaderes y hombres acaudalados se divertían con las prostitutas. Más tarde, algunas de estas prostitutas sustituyeron a esos hombres convirténdose en geishas que entretenían a sus clientes con el arte del Samishen y la conversación. En 1779 se las reconoce como una profesión y se crea un sindicato con un estricto código de conducta que hoy en día todavía continua vigente.

A principios del siglo XX había 25.000 geishas en todo Japón. En kioto, el distrito de Gion se convirtió en la sede por excelencia de las geishas. En los años 30, cuando con el reinado del emperador Hiro Hito, el país era la primera potencia militar, la demanda de geishas aumentó tanto que las familias rurales vendían a sus hijas de 7 y 8 a las casas de geishas como si fueran ganado. Pasaban a ser propiedad de la geisha-madre de la que sólo se podían escapar si encontraban un protector adinerado entre sus clientes y se convertían en su amante estable, siendo con el único que podían mantener relaciones sexuales.  Se sentían afortunadas las que acababan en el exclusivo barrio de Gion donde por la virginidad de una geisha se llegó a pagar, en aquellos años, unos 850.000$. El auge de esta profesión, en aquellos tiempos de prosperidad, llevó a que el número de geishas aumentase hasta 80.000.

Hoy en día no se les obliga a vender la virginidad ni a tener un protector, del cual deben mantener su identidad en secreto, pero éste tiene que tener en cuenta que una geisha cuesta unos 8.000$ al mes y debe ir siempre rodeada de lujo.

La aprendiza de geisha se llama maiko y su educación hasta llegar a ser una geisha requiere una inversión de unos 500.000$. Durante varios años de duro trabajo, reciben clases de danza, de la ceremonia del té, del arte de tocar el Samishen, de la discreción y sobretodo del don de la palabra, la cual será su destreza más valiosa. Debe tener un mínimo de dos docenas de kimonos (sus bienes más preciados), cuyo valor es de miles de dólares. El peinado de las maiko se llama de melocotón partido y, hecho con su pelo natural, se caracteriza por llevar un trozo de seda rojo para simular, junto con el cabello negro, una parte erógena.

Las geishas o geiko (según el dialecto de Kioto) llevan kimonos más elegantes y de colores menos brillantes que las maikos. Su maquillaje es mucho más suave y su peinado cambia a un moño, permiténdoles utilizar peluca. Son símbolo de prestigio, y pasar una hora con ellas puede costar alrededor de 500$. Deben estar preparadas en una larga lista de temas de conversación, entre los cuales nunca aparecerá la economía ni la política y todo lo que ocurra en el banquete será guardado en absoluto secreto.

El código de conducta de las geishas prohíbe estrictamente la prostitución y tener relaciones sexuales. Aunque se producen juegos de insinuación y de coqueteo, los clientes saben que no va a haber nada más. Los hombres japoneses sienten un cierta diversión con el sólo hecho de la fantasía y la ilusión. Cuando una geisha tiene relaciones sexuales con su protector, éstas nunca serán como moneda de pago por su dedicación. Incluso muchas veces ni siquiera tienen ese tipo de relación.

En los últimos 10 años la demanda de geishas se ha visto disminuída de forma considerable, debido en parte a algunos escándalos de los que la prensa se ha hecho eco, como el del primer ministro Sōsuke Uno que tuvo que renunciar después de que la geisha de la que era amante rompiese el código de silencio y lo hiciese público. Además, los jóvenes de hoy no se sienten tan arraigados a estas tradiciones y desean otras formas de entretenimiento. Ellos pertenecen a una sociedad que muy lentamente va caminando hacía la igualdad para ambos sexos, aunque sea todavía marcadamente machista.

Fuente:
Excelente documental: http://tu.tv/videos/la-vida-secreta-de-las-geishas-n-tematic
Para saber más sobre Japón y  las geishas: http://culturajaponesa.blogspot.com/2006/11/geishas-doncellas-del-placer.html
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2 respuestas a Geishas y Maikos de Kioto

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