Los Heurigen: las tabernas vienesas

Viena es la única capital del mundo con viñedos dentro de su témino urbano. En 680 héctareas, 230 viticultores producen más de un millón y medio de litros de vino por cosecha.

La producción de vino en esta región  austríaca  se  remonta  al año 500 a. C. ya que diferentes excavaciones han demostrado que los celtas ya trabajaban la uva en aquel tiempo. Sin embargo, el cultivo de la vid fue traído por los romanos con la plantación de injertos italianos en las vides vienesas. Durante la Edad Media la mitad de la actual Viena estaba formada por viñedos.

La cercanía de los habitantes de la ciudad con los campos de viñedos hizo que se desarrollara una forma muy especial de vender: el Heuriger, que consistía principalmente en una taberna situada en el sótano de la casa del viticultor.

En 1784 los habitantes de la Grafschaft Görz hicieron una revuelta porque el conde Delmetri se había hecho con el monopolio de la región y no permitía la venta de los vinos a los demás agricultores.

El emperador José II de Habsburgo emitió un edicto por el que todos los viticultores tenían el derecho de vender el vino de su propia cosecha en su propia casa, no pudiéndose vender vinos de otras marcas y una cantidad limitada de comida, generalmente compuesta por platos fríos servidos en un buffete, aunque en algunos podemos degustar el típico plato vienés, el  Wiener Schnitzel.

Esta ley que ha ido renovándose a lo largo del tiempo y que sigue vigente en la actualidad, se conoce como “Buschenschankgesetzen der Bundesländer”. El hecho de que se obligue a vender el vino en los propios viñedos permite que los heurigen se situen al pie de las colinas que rodean la ciudad.

La viticultura vienesa se vio muy afectada por las dos Guerras Mundiales pero gracias a actuales medidas de protección el vino vienés vuelve a estar en su apogeo.

Los vieneses van más al heuriger que a un evento deportivo. Se reconoce una auténtica taberna vienesa por el tablón con la palabra “Ausg´steckt” y por una rama de conífera, el “Rauschbaum” que cuelga encima de la puerta señalando que el local está abierto y que los visitantes son bienvenidos. Estos dos símbolos nos garantizan que se sirven únicamente vinos de cosecha propia de viñas vienesas.

No todos los heurigen están abiertos a la vez, sino que se van turnando según un calendario pactado entre ellos.

El vino que se sirve es siempre el del año. Este título de vino nuevo sólo lo puede llevar hasta el 11 de noviembre, día de San Martín, en que pasará a ser vino viejo.

Aunque en Viena la zona de heurigen más famosa y más turística es Grinzing, no son menos importantes las áreas de Heiligenstadt, Sievering, Neustift am Walde, Stammersdorf, Strebersdorf, Mauer, Oberlaa y  Nußdorf donde en muchos de ellos podemos disfrutar también de música en vivo con una buena copa de vino en la mano.

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