Después de todo… volvemos a ser igual de felices (o infelices)

Una de las cualidades básicas de nosotros, los seres humanos, es la capacidad de adaptación. El instinto nos hace estar pendientes de las alteraciones en el entorno ya que pueden representar un potencial peligro. Nuestro cuerpo detecta muy rápidamente el cambio y reacciona de forma adecuada, pero en seguida se acomoda a la nueva situación para poder detectar los cambios nuevos que puedan aparecer.

Por ejemplo, nuestros ojos se acostumbran rápidamente a un cambio súbito del nivel de luz, tanto a la oscuridad repentina como a un exceso de luz. El olfato hace lo mismo, si entramos en un recinto con un olor intenso, tanto agradable como desagradable, al cabo de un cierto tiempo dejamos de percibir dicho olor, aunque la fuente del olor persista. Esto nos permite detectar nuevos olores que puedan representar un nuevo peligro. O el oído, cuando la gente que vive cerca de un aeropuerto deja de oír los aviones (físicamente los oyen pero dejan de ser conscientes de su presencia), en cambio un nuevo ruido lo detectaran y les llamará la atención.

Esta facilidad de adaptación que resulta tan evidente en el terreno físico, no nos parece tan obvio en el terreno emocional. Creemos que un evento positivo nos va a proporcionar un cambio de nuestro nivel de felicidad, o un evento desgraciado nos hará perder la felicidad para siempre. No es así.

La adaptación hedónica

Si nos preguntan ¿quién es más feliz, el ganador de la lotería después de un año de obtener el premio, o un parapléjico al cabo del año del accidente?, nuestra respuesta intuitiva sería, evidentemente, el primero.

Los doctores Brickman, Coates y Janoff decidieron responder esa pregunta y para ello analizaron tres grupos: parapléjicos, ganadores de lotería y personas que no estuviesen en ninguno de los anteriores grupos.

Se tomaron datos sobre los individuos de los grupos justo después del evento desencadenante (sorteo o accidente) y al cabo de un año. Los resultados mostraron que partiendo de un momento inicial donde la satisfacción con la vida era completamente antagónica entre los grupos, al cabo de sólo un año el nivel de satisfacción con sus vidas era sorprendentemente cercano entre los tres grupos y muy similares a los niveles originales.

Los psicólogos llaman a este efecto: la adaptación hedónica, que es la capacidad del individuo a adaptarse a una situación nueva negativa o positiva recuperando el estado emocional anterior a dicha situación. De esta manera podemos asimilar situaciones negativas, como los presos que se acostumbraban a vivir en sus reducidas celdas; o las gentes de los slums de Bombay que parecen tener vidas felices en ese entorno tan limitado; o la recuperación después de la perdida de un ser querido, etc.

Esta adaptación hedónica, que es tan beneficiosa para las situaciones negativas, también actúa en las situaciones positivas que producen un aumento de la felicidad, corrigiendo esa primera euforia de forma gradual hasta niveles normales de felicidad. Si nos compramos una casa más grande, asumimos que eso nos proporcionará un nivel mayor de felicidad durante todo el tiempo que vivamos en ella. Sin embargo, al poco tiempo nos habremos adaptado y no nos producirá más felicidad que la anterior vivienda.

Cuando descubrimos que no somos lo felices que habíamos predicho, nuestro impulso natural es buscar una nueva fuente de felicidad, asumiendo que el problema ha sido nuestro error de predicción. Es lo que nos hace que sigamos comprando cosas repitiendo este ciclo indefinidamente. Es la “rueda hedónica”: comprar y comprar para sólo conseguir mantener el mismo nivel de felicidad.

Ahora que ya conocemos las consecuencias de la adaptación hedónica, ¿qué podemos hacer para predecir mejor nuestro futuro y para mejorar la eficiencia de nuestras decisiones?

Dosificar los placeres: Sabiendo que nos vamos a acostumbrar a todo lo bueno y nos dejará de producir la felicidad inicial, debemos de dosificar los placeres. Por ejemplo si tomamos un mes seguido de vacaciones, tal vez, al final del mismo, estemos hartos de playa y ya no disfrutemos igual que al principio del mes.  Si hacemos las vacaciones por semanas separadas, no nos da tiempo a habituarnos a esa nueva situación y la felicidad dura todo el periodo.

Evitar la monotonía o la ausencia de cambios: Se recomienda diseñarse una vida de cambios, sorpresas e incertidumbres. Introducir sorpresas en nuestros días: pequeñas o grandes, pero frecuentes. Una cena imprevista con amigos, un fin de semana en una casa rural, una salida en bicicleta, un partido de futbol con los compañeros, una mañana libre de trabajo en el parque con tu pareja,… ¡Que la adaptación hedónica trabaje a tope intentando devolvernos a la normalidad! Los cambios y las sorpresas nos hacen la vida interesante y grata de recordar.

No interrumpir las actividades desagradables: Asi como es recomendable interrumpir y dosificar las actividades placenteras para evitar la adaptación, las actividades o situaciones desagradables es mejor atravesarlas de golpe y sin pausas. La adaptación hedónica nos irá acostumbrando a ella y cada vez la sufriremos menos. Si la interrumpimos, cuando la volvamos a retomar comenzaremos con el mismo nivel de sufrimiento. Imagínate un día que tienes que hacer la declaración de la renta, más vale empezar, sufrir lo que sea necesario y acabar, si la interrumpes cada hora, cuando tengas que volver a la mesa, retomarás el sufrimiento. Hay que dejar que la adaptación hedónica nos ayude, pero para ello no debemos parar.

Vida minimalista: Existe una filosofía que defiende un estilo de vida minimalista, a la que algunos la llaman, vida Zen. Sostienen que como la acumulación de posesiones no nos va a proporcionar una felicidad permanente (debido a la adaptación hedónica), es preferible tener solo “lo justo”. Recomiendan limitar las pertenencias a 100 cosas, contando todo: cepillo de dientes, ropa interior,… Es la tendencia opuesta de quererlo tener todo y que los americanos llaman la obsesión de “to keep up with the Joneses”, que en castellano sería algo como “mantenerse al nivel de los Garcia” y tener lo que ellos tienen, o un poco más.

El riesgo del cambio muy lento

Si metes una rana en agua hirviendo, salta inmediatamente para no cocerse. Pero si por el contrario, la metes cuando el agua esta fría y empiezas a calentar el agua muy lentamente la rana no detecta el cambio pues se va acostumbrando al aumento paulatinamente y se acaba cociendo. Al Gore defiende que la humanidad esta actuando de la misma manera con el calentamiento global. Muchos profesionales lo hacen con trabajos que se deterioran y no reaccionan hasta encontrarse en el paro. Y cuantos no se encuentran en relaciones sentimentales en deterioro paulatino, y ahí siguen …

En definitiva, los cambios (positivos) son buenos, y cuanto más continuos y por sorpresa mejor. Además, es recomendable que comprobemos continuamente la temperatura del agua en la que nos movemos, para ver si es el momento de saltar fuera y dejar a la rana que se cueza ella sola.

Referencias: libro de Dan Ariely “The upside of irrationality” y aquí
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8 respuestas a Después de todo… volvemos a ser igual de felices (o infelices)

  1. Curioso concepto, pero absolutamente cierto, este de la adaptación hedónica.

    Aunque hasta ahora nunca lo he podido demostrar en mí mismo, estoy seguro de que si te tocan cien millones de Euros en la lotería, al poco tiempo (tras la inmensa alegría inicial) descubrirás que solamente “has cambiado de problemas” pero que no es cierto que “ya no tengas ningún problema”.

    Las inyecciones de felicidad o infelicidad son realmente como las inyecciones intramusculares: su efecto se va diluyendo con el tiempo. Se requieren nuevas dosis para mantener el nivel.

    Saludos.
    José María

  2. juan carlos dijo:

    Al final crearé un grupo de facebook de “pilar hazte coacher”

  3. Juanant dijo:

    Cada vez que leo algo tuyo, me quedo con la boca abierta…
    Me encanta… y encantas..

  4. olga dijo:

    muy bueno!!!!

  5. Pingback: vergonzosas (a veces no soy tímido) | vergonzosas

  6. Pingback: sub rosa – a veces mujeres… | switch

  7. Pingback: citas (1) | a8vio

  8. clemencia càceres sepùlveda ,profesor.//clemencia.caceres.s@gmail.com
    Me gustò, haciendo un trabajo de psicologìa “Valoraciones hedònicas”,te encontrè.
    Si puedes incluirme ,te lo agradecerìa. Me fascinò!

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