Activando la asertividad. Conmover para mover

Sólo los desastres naturales en el 2010 causaron 295.000 muertos en el mundo. Si a ello unimos los cientos de miles que son víctimas de conflictos políticos (Costa de Marfil, Afganistán, Pakistán, conflicto judio-palestino,…) y los millones que están en la más absoluta pobreza y con grandes problemas sanitarios y de alimentación, la situación global no nos debería dejar indiferentes. Pero la verdad es que en realidad a la mayoría de nosotros (si somos sinceros) este tipo de noticias nos deja fríos o como mínimo sin hacer nada concreto, ¿por qué?.

Aunque cueste admitir que eso es cierto, parece no ser culpa nuestra. No es que no seamos humanos o solidarios sino que el problema es que no se nos cuenta bien. Dan Ariely nos relata en su libro “The upside of irrationality” que esto se debe a varias razones:

1) La dificultad de identificarnos con una víctima

Cuando nos lanzan grandes cifras de muertos, enfermos, gente sufriendo,… nos cuesta activar nuestros sentimientos y nuestra asertividad, pues las cifras son sólo cifras. Hasta Stalin dijo: “La muerte de un hombre es una tragedia, pero la muerte de un millón es simple estadística”. Y la madre Teresa lo confirmó diciendo: “Si miro a las masas, no hago nada; si miro a una persona lo haré”.

Nos conmueve más escuchar la triste historia contada por la esposa de un empleado fallecido en el atentado de las torres gemelas, que escuchar el dato de las 6000 víctimas. Nos indigna ver el video donde un niño palestino muere tiroteado en fuego cruzado, pero leemos con normalidad noticias de muertes en este conflicto. Sufrimos con la historia detallada de la niña que ha perdido a su familia en el sunami japonés, pero las cifras únicamente nos asustan.

2) La lejanía de la tragedia

Nos aflige más una tragedia que pasa en nuestra comunidad, o a personas como nosotros, que otras que pasan en zonas remotas y a gentes muy diferentes. Aunque todas terribles, la víctima del 11 de marzo en Madrid llamada Pedro nos destroza e indigna, mientras que la del 11 de septiembre en Nueva York llamada Peter, nos conmueve pero es algo más lejana y abstracta; y la del atentado en Islamabad (Pakistán) llamada Ahmad, terrible, pero es más un concepto político lejano para nosotros.

3) La falta de detalles en la narración

Si te digo que me he cortado, no será igual que si te explico dónde ha sido el corte, cómo me lo he hecho y cuánto he sangrado. Los detalles nos ayudan a acercarnos al problema y a sentir lo mismo que su protagonista.

4) El síndrome de “la gota en el océano”

Apesar de que la tragedia nos estremezca, creemos que nuestra contribución es tan insignificante que no va a representar ninguna mejora porque somos una simple gota en el océano.

Adaptando la comunicación

La buena noticia es que los estados y las organizaciones humanitarias están comenzando a darse cuenta del problema y comienzan a adaptar campañas para que nos enternezcan más. Estamos más dispuestos a apadrinar a un niño, que dar un donativo para ayudar genéricamente a la infancia. Nos llega más hondo escuchar de la boca de los propios enfermos su historia personal, en lugar de las explicaciones de doctores o ministros de sanidad con estadísticas y datos técnicos.

Un ejemplo es el anuncio de la ONG Water Aid para pedir ayuda contra la diarrea en África que está matando a miles de niños. Su título lo dice todo: “Cavemos lavabos, no tumbas”. Como se puede ver, los creadores de la campaña intentan activar nuestra asertividad acercándonos al problema.

Nos enseñan al hermano de una víctima para que podamos identificarnos con la tragedia en una cara. Nos muestran primero niños como los nuestros que bromean sobre la diarrea porque es algo que no es peligroso para ellos. Mientras que vemos a un niño africano, igual que los otros pero que la diarrea acabó con la vida de su hermana. Él tristemente canta: “cuando acaba de matar a tu hermana y realmente la vas a echar de menos… Diarrea, Diarrea“.

Las tragedias son tragedias, independientemente de quién las sufra o de cuánta gente las padezcan. Si somos los que la comunicamos para pedir ayuda, seamos claros y personales. Si somos los que escuchamos y se nos cuenta mal, intentemos identificarnos con el sufrimiento, no de 100.000, sino de esa persona que tiene familiares, amigos y que sufre de una manera muy similar a la nuestra, aunque su piel tenga otro color o su bolsillo menos dinero.

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Una respuesta a Activando la asertividad. Conmover para mover

  1. No sé si estoy en lo cierto en el uso de las palabras. Pero, para mí, las estadísticas son tragedias, y los casos personales, dramas.

    Con las tragedias es difícil llorar. Con los dramas, casi inevitable.

    Un saludo, Pilar, y gracias por el post.
    José María

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