Timisoara 1989, abriendo la senda de la libertad de Rumanía

La gente de esta pequeña ciudad rumana cercana a la frontera con Hungría vivió en el año 1989 uno de los episodios claves de la caída del telón de acero y más concretamente fueron la espoleta para derrocar al dictador Nicolae Ceaușescu.

Esta es la historia de esos pocos días de diciembre que cambiaron el rumbo de Rumanía y que, en una reciente visita a la ciudad,  he tenido el lujo de escuchar de la propia voz de amigos rumanos, Chris y Mihai, quienes lo vivieron intensamente en primera persona. Hoy todavía se emocionan y nos emocionan con su relato.

Sábado 16 de diciembre

El clérigo ortodoxo László Tőkés iba a ser detenido por la policía secreta rumana, la Securitate, por haber criticado en su iglesia las prácticas del régimen de Ceaușescu. Un mes antes, otro clérigo había desaparecido y encontrado muerto en un bosque cercano a Timişoara. Los feligreses, temiendo por la vida de Tőkés, se congregaron en su residencia para evitar que éste desapareciese.

A éstos se les unieron algunos ciudadanos y estudiantes de la ciudad temiendo que se pusiese en peligro la libertad religiosa. La Securitate, sorprendida por la reacción, les observó durante toda la jornada sin saber cómo actuar.

Chris, que estaba haciendo el servicio militar en un puesto fronterizo con Hungría, recibió la orden, esa tarde, de bloquear la frontera y sólo dejar pasar a ciudadanos rusos. Él dio paso a numerosos coches con jóvenes rusos que entraban en dirección a Timişoara.

Esa noche hubo ataques a comercios, destrozándolos y quemándolos. Chris comentó que, pasada la media noche, los coches con los jóvenes rusos salían por la frontera dirección a Hungría.

Los habitantes de Timişoara siempre han creído que fueron los rusos los que comenzaron con las provocaciones para exaltar a la población y empezar así el proceso para acabar con Ceaușescu, eligiendo esta ciudad por ser la más multicultural de Rumanía.

Domingo 17 de diciembre

Cuando los habitantes de Timişoara descubrieron los destrozos en los comercios de la ciudad, salieron a la calle en señal de protesta y se dirigieron hacia la sede del Partido Comunista, a quienes culpaban del vandalismo, para destrozarlo y quemarlo. La reacción del ejército y la Securitate no se hizo esperar y abrieron fuego contra los manifestantes causando los primeros muertos.

El ejército se desplegó por toda la ciudad y la Plaza de la Ópera se llenó de carros de combate.

La Universidad de Timişoara comunicó a los estudiantes que se adelantaban las vacaciones de Navidad y que debían abandonar la ciudad y volver a sus casas y así reducir el número de posibles revolucionarios.

Lunes 18 de diciembre

Ceaușescu se fue de viaje a Irán y envió una delegación a Timişoara para parar la rebelión. La gente se pasó la mayor parte del día en sus casas sin saber qué iba a pasar y la ciudad estaba completamente bloqueada y vigilada por helicópteros.

Martes 19 de diciembre

Cansados de la espera, en la mañana del martes, y a pesar de que el alcalde había decretado la ley marcial, los estudiantes decidieron reunirse en la Plaza de la Ópera para continuar con las protestas. Muchos de ellos portaban la bandera rumana con un agujero en el centro ya que habían recortado el escudo socialista, símbolo del régimen y cantaban una vieja canción rumana Deşteaptă-te, române! (¡Despierta, rumano!), actual himno del país.

El ejército empezó a dispararles y los manifestantes salieron corriendo hacia la Catedral ortodoxa, a unos trescientos metros de la ópera.

Al encontrarse las puertas de la catedral cerradas y sin posibilidades de refugiarse en el interior, la mayor parte de los manifestantes se concentraron en las escalinatas. Los carros de combate llegaron enfrente de la iglesia y dispararon indiscriminadamente, muriendo la mayoría de los que allí se encontraban.

Mihai, que por esos años era estudiante, me comentó que estaba en casa preparándose para salir con sus compañeros y amigos a unirse a la protesta. Su padre se plantó en la puerta de su habitación diciéndole que si quería salir, primero le tendría que matar a él. Discutió e incluso forcejeó con su padre, pero se dio por vencido y se quedó. Su padre estuvo sentado en la puerta de su habitación toda la noche.

El rumor de lo ocurrido en la Plaza de la Ópera y las escaleras de la Catedral pronto empezó a circular por toda la ciudad.

Mihai se temió lo peor en ese momento, que se confirmó al día siguiente, cuando se enteró de que varios de sus amigos habían muerto en la masacre de la Catedral.

En una acción solidaria, los habitantes de Timişoara comenzaron a poner velas encendidas en todas las aceras de la ciudad. Chris y Mihai nos cuentan que la imagen de su ciudad en esos momentos tan trágicos con miles de velas iluminando las calles aún les causa una profunda emoción.

Miércoles 20 de diciembre

A primera hora de la mañana, la Securitate irrumpió en el hospital de la ciudad con numerosos camiones. Entraron en las morgues y empezaron a llevarse a los muertos del día anterior e incluso a los heridos. Me dicen que se oyeron disparos durante la operación por lo que se cree que los heridos eran asesinados en los camiones. Se los llevaron para hacerlos desaparecer, quemándolos o enterrándolos en fosas comunes.

Algunas horas más tarde, los habitantes de la ciudad se manifestaron en las calles en señal de protesta y esta vez se les unieron los trabajadores de las fábricas cercanas. Ante la apabullante dimensión de la protesta, el ejército comprendió que no podría matar a todos y decidió retirarse a sus cuarteles.

Con la retira del ejército, los ciudadanos tomaron la Ópera y desde su balcón declararon a Timişoara la primera ciudad “libre” de Rumania.

Por la noche, Ceaușescu volvió de su viaje a Iran e hizo un discurso por televisión. Todos esperaban que cediese ante las protestas y propusiese reformas. En lugar de eso, acusó a servicios secretos extranjeros y rebeldes locales de desastibilizar la nación y destruir los símbolos del estado. Prometió hacer todo lo que fuese necesario para volver la situación al orden.

La ciudad, después del discurso del presidente, fue sitiada y no se permitía a nadie entrar ni salir. Entre los habitantes se generó la preocupación y en incluso la certeza de que iban a ser bombardeados por la aviación.

Jueves 21 de diciembre

Ceaușescu preocupado de que las protestas se extendiesen a otras regiones del país, organizó un acto muy típico de los régimenes totalitarios: una plaza llena de ciudadanos con pancartas de soporte, el líder preparado a hacer un gran discurso y la televisión lista para retransmitirlo a toda la nación.

La concentración no se desarrolló como Ceaușescu esperaba pues parte del público gritó en contra del presidente y éste huyó precipitadamente en helicóptero minutos más tarde.

Los ciudadanos de Timişoara que estaban viendo el discurso por televisión explotaron en júbilo al darse cuenta de que ya no estaban solos y que Rumania estaba a punto de pasar una página importante de su historia.

Los siguientes días son conocidos por la detención, juicio express y ejecución del matrimonio Ceaușescu. Es evidente que gente muy cercana a él tenía interés en que todo pasase muy rápido.

Lo que los valientes ciudadanos de Timişoara tienen claro es que fueron utilizados por elementos cercanos a  Ceaușescu y agentes extranjeros para provocar su derrocamiento, pero ellos actuaron con nobleza y valentía hacia el camino de la libertad que se les había negado durante ese periodo oscuro de Europa.

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2 respuestas a Timisoara 1989, abriendo la senda de la libertad de Rumanía

  1. Gracias por poner en negro sobre blanco el testimonio personal de los que vivieron los hechos en primera persona.
    Parece mentira, pero sólo hace algo más de veinte años de que Timisoara saltara a la portada de todos los periódicos. Y ya parecen hechos remotos…

    Saludos.
    José María

  2. Acabo de regresar de Rumanía, país que no conocía y es precioso, alucinante diría yo. Y en el ambiente aún hoy se masca el terror que producia Ceaucescu. Mi sangre se heló frente al Palacio del Parlamento. La casa del Pueblo. Alucinante ver algunas iglesias que sacaron de allí para colocarlas entre bloques de pisos de hormigón. Sin duda, yo que vivi mi infancia y mi juventud estando Franco me parecen iguales los dos. Unos fascistas

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