Carnaval de Notting Hill, el calor del Caribe

Dicen que es el evento popular y callejero más multitudinario de Europa, el segundo del mundo después del carnaval de Río, y por la cantidad de personas con las que te apretujas en las calles de este exclusivo barrio de Londres, debe ser cierto. Pero son muchas otras cosas las que te llaman la atención cuando participas en este carnaval.

Los orígenes de esta fiesta se remontan a 1950 cuando empiezan a llegar a Notting Hill los primeros emigrantes caribeños de las colonias británicas, principalmente de Jamaica y Trinidad Tobago, ocupando las casas baratas y destartaladas del barrio. El rechazo de la comunidad blanca hacía los recién llegados no tarda en aparecer y son muchos los que colocan carteles con “No Coloureds” en las puertas de los pubs y de algunos edificios de habitaciones en alquiler,  prohibiendo la entrada a los negros caribeños.

Las confrontaciones raciales se hacen cada vez más numerosas y violentas. En agosto de 1958, Notting Hill sufre uno de los peores disturbios de la historia de Reino Unido cuando grupos de jóvenes blancos, conocidos por los Teddy Boys,  atacan a la comunidad caribeña y ésta responde con la misma violencia.

Con el deseo de terminar con el odio racial y conseguir una convivencia pacífica entre las distintas comunidades,  Claudia Jones, una mujer originaria de Trinidad Tobago, periodista y activista política, “la madre del carnaval de Notting Hill”, organiza en enero de 1959 el primer carnaval caribeño en Londres. Aunque celebrado en un recinto cerrado en Saint Pancras, fue el embrión del que, seis años más tarde, recorrería las calles de Notting Hill.

Hoy en día las calles se llenan de miles de personas que bailan al ritmo de la música jaimacana y disfrutan de los más de 300 puestos de comida caribeña.

La gente que lo organiza es extremadamente humilde, principalmente trinis (como se llama en Londres a los originarios de Trinidad y Tobago), pero a la que se apuntan muchos otros participantes de diferentes orígenes.

Las carrozas no están muy decoradas, son simples camiones con algunas pancartas. Sin embargo, destacan los sistemas de sonido cuyo volumen es ensordecedor.

Todos participan en la fiesta, todo el mundo es bienvenido:

Hay algunos grupos especiales, como éste en el que desfilan todos cubiertos de chocolate y amenazan al público con “formar parte de su grupo” pretendiendo lanzar chocolate derretido que transportan en unos cubos.

Estar en el carnaval de Notting Hill es estar inmerso en pleno Caribe donde el ritmo de su música invita a desinhibirse.

Este año, después de los disturbios del verano, el número de policías era mayor que en otras ocasiones. El carnaval estaba perfectamente controlado por la policía y por los organizadores que no querían que la juerga degenerase en violencia.

Aunque eso no impedía que los bobbies mostrasen su simpatía aguantando los abrazos y movimientos sexys de algunas trinis o incluso participasen de algún baile.

El carnaval de Notting Hill nos muestra el deseo de un Londres multicultural y cosmopolita, donde razas y culturas se entremezclen y convivan pacíficamente.

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