Como los peces en el agua

Un buzo estaba sumergido en el mar cuando vio a dos peces acercándose a él. Se aproximó a ellos y les dijo: “Hola, ¿qué tal está el agua?”. Los peces se miraron entre ellos extrañados y siguieron su camino. Al cabo de un rato, uno le preguntó al otro: “¿A qué se refería con lo del agua?”.

Para los peces el agua es su vida, no la conocen de otra forma, nacieron en ese entorno y generaciones tras generaciones han nadado en ella siempre de la misma manera. Por ello, les es difícil percibir lo que significa a no ser que salgan del agua y la vean desde fuera.

Nosotros, como los peces, nos encontramos en un entorno donde la gran mayoría de los que nos rodean pensamos igual, hablamos el mismo idioma o idiomas, valoramos las cosas, nos vestimos, comemos e incluso rezamos lo mismo. Es “el agua” donde vivimos, y también como los peces, no siempre somos conscientes de cómo es, hasta que salimos de ella, nos sumergimos en otras y apreciamos las diferencias.

Damos por sentado que las cosas son como son; lo normal es esto y lo raro es lo diferente a nosotros. Si un pez se decide a cambiar de medio y sale a volar, serán los pájaros los que se extrañarán cuando pregunte: “¿qué tal el oxígeno esta mañana?”

Tomamos como verdades absolutas nuestras costumbres pero, cuando en un mundo como el actual se entremezclan tantas culturas, más que nunca debemos de cambiar el color con que miramos la realidad y pensar que, a lo mejor… los raros somos nosotros:

  • Los españoles cenamos tarde para el resto del mundo. “Un amigo inglés de mi hija llamó a su madre a las 8 de la tarde para preguntarle si se podía quedar a cenar en nuestra casa. La madre, al otro lado del teléfono, debió poner el grito en el cielo:  -¿a cenar ahora?-  pues el chico se acercó  más al teléfono y  bajando la voz le  contestó:  -Mamá, ya te he dicho que son españoles-”.
  • Austríacos, alemanes y nórdicos se meten en la sauna de hoteles desnudos con toda la familia y amigos, incluso como acto social o de negocio. “Un ejecutivo francés asistiendo a un evento en Viena contaba cómo fue invitado a la sauna del hotel antes de la cena. Allí le recibió la directora de marketing de la empresa que organizaba el evento, y juntos y desnudos se unieron al resto de ejecutivos y ejecutivas que ya estaban metidos dentro de la sauna. Se habló de trabajo de forma más relajada y sin corbata”.
  • En Washington le dan mucha importancia a “quién conoces”, en Nueva York a “cuánto ganas”, en California a “cuántas empresas has creado” y en Boston a “cuántos estudios tienes”. En esas “peceras” americanas el agua es diferente.
  • Los búlgaros para decir “no” con la cabeza hacen el gesto que nosotros usamos para el “sí”; y para decir “sí”, balancean la cabeza para los lados.

  • Al contrario que en el resto del mundo, en Japón está permitido fumar en bares y restaurantes pero no se puede hacer en la calle, donde policías con cenicero te obligan a apagar el cigarrillo y te obsequian con una multa.
  • En una cena entre españoles, rara vez hay una sola conversación. La tendencia a hablar todos a la vez forma parte, ya no de nuestra cultura, sino tal vez de nuestros genes. Los extranjeros piensan que siempre estamos discutiendo y gritando, cuando sólo estamos conversando animadamente.
  • Para los austríacos no mirar a los ojos cuando se brinda es de pésima educación  y consideran que no hacerlo te acarreará 6 años de mal sexo.
  • Una cena no habrá sido apreciada si no acaba con el agradecimiento de un buen erupto chino.
  • Los indios son incapaces de dar un “sí” categórico. Lo que para nosotros es un “sí” incuestionable, para ellos es un “casi sí” y para expresarlo utilizan un movimiento muy curioso de la cabeza moviéndola lateralmente.

Puede que muchas cosas sean evidentes para nosotros pero no por ello son verdades universales. Al nadar en diferentes aguas nos damos cuenta de que casi todo es relativo.

Y como los peces, recuerdo un día que mi marido se puso hablar con acento argentino a las hijas pequeñas de unos amigos de Argentina. Las niñas se miraban extrañadas ante su sonrisa, creo que pensaban: “de qué se sonríe éste, si ahora es cuando habla realmente normal”.

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4 respuestas a Como los peces en el agua

  1. Yo llevo años predicando que la mayoría de fanatismos y de nacionalismos miopes se curan viajando. Porque se descubre que, como bien dices, no hay verdades absolutas, ni maneras únicas de enfrentarse a las cosas más cotidianas.

    Cuánto mejorarían las cosas si todos los peces “fueran conscientes” de que lo que les rodea es “el agua de su pecera”, y que hay otras aguas, otras peceras, el aire y Van Gogh.

    Me gustan mucho la mayoría de tus reflexiones.

    Saludos, Pilar.
    José María

  2. juan carlos dijo:

    Gracias por el consejo del brindis con un austriaco (6 años!!!),

    Acepto todas las costumbres y más cuando estás en su territorio, pero hombre a mí, como buen latino, no se me ocurriría tener una reunión de trabajo en una sauna…….sin corbata.

    Como siempre, muy bueno Pilar.

  3. JAjajaja que gracioso lo de las niñas, es así, creo que simplemente debemos ser como los camaleones, adaptarnos a las culturas, sin dejar de ser uno mismo, y siempre tratando de hacer sentir bien al otro… siempre como pez en el agua…

  4. Muy bueno el articulo, creo que entonces tenemos que ser camaleones para poder adaptarnos a las otras culturas sin dejar de perder nuestros ideales.

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