La determinación del optimista

Si tuviesemos que elegir tener un sólo defecto, éste debería ser el de sobrevalorar nuestras propias capacidades. Ponernos unas expectativas superiores a nuestros talentos puede parecer arrogante pero… ¿no será quizás de valientes? Muchos estudios han demostrado que cuando nos creemos capaces de hacer algo, generalmente lo conseguimos.

Las personas pesimistas son más precisas con sus verdaderas habilidades al realizar una tarea, son realistas y conocen sus límites, pero también son muy negativos sobre sus posibilidades de mejora.

Los optimistas, en cambio, creen que su rendimiento al hacer una tarea es mayor de lo que ha sido en realidad. Esta percepción irrealista es lo que les lleva a seguir intentándolo hasta que de alguna manera encuentran la manera de conseguirlo. Durante este proceso, los inevitables fallos los consideran parte del mismo y no se desaniman; relativizan las razones de los fracasos y sobretodo, nunca asumen que el fallo se ha debido a sus competencias, sino a circunstancias externas, por lo que intentándolo de otra manera, lo podrán conseguir.

Hace unos años se realizó el siguiente experimento en un colegio americano:

Se agruparon de forma aleatoria a algunos alumnos del mismo curso en dos clases, A y B. Al inicio del curso, se comunicó al grupo A que formaban parte de un experimento y que todos los que estaban en él eran los más capacitados del curso. Se les dijo que se quería comprobar los diferentes aspectos educativos con los más inteligentes del curso.

A los del grupo B se les comunicó también que formaban parte de un experimento educativo. Se les dijo además que todos ellos sufrían de problemas de aprendizaje y que por esa razón se iban a aplicar nuevos métodos para que entre todos juntos pudiesen retomar el nivel medio.

Los profesores utilizaron los mismos métodos con ambos grupos, y con otras clases del mismo curso. El grupo A obtuvo unos resultados muy superiores a los de los grupos de fuera del experimento. El grupo B, sin embargo, obtuvo unos resultados significativamente inferiores a la media del curso.

El experimento demostró que el creer en nuestras capacidades nos lleva a conseguir lo que nos proponemos y muchas veces por el sólo hecho de considerarnos inferiores, no logramos aquello para lo que estamos realmente capacitados

Un experimiento similar se realizó con estudiantes de medicina:

Se reunió a un grupo de 100 estudiantes. A la mitad se les dió una cápsula azul diciéndoles que era un relajante (cuando en realidad eran anfetaminas) y a la otra mitad se les dio una cápsula roja que contenía un excitante (cuando en realidad eran barbitúricos). La gran mayoría de los alumnos reaccionó en base a lo que creían y no a la realidad de la cápsula. Los que consumieron anfetaminas se consideraron relajados e incluso alguno se dormía, los que consumieron barbitúricos, se excitaban.

La creencia o el convencimiento en las capacidades de uno mismo es lo que diferencia a optimistas y pesimistas. Independientemente de las capacidades reales de cada uno, lo realmente importante es la percepción que tenemos de las mismas. Como en el caso del experimento de las pastillas, lo importante no es lo que lleven dentro, sino lo que creemos que llevan dentro. Lo importante no es lo que somos capaces de hacer sino lo que creamos que somos capaces.

Otra diferencia entre pesimistas y optimistas es cómo interpretan los errores y fallos:

a) Permanente: Los pesimistas consideran que un problema es permanente, para siempre. Los optimistas piensan que cualquier problema o fallo es temporal y que la situación cambiará a mejor, aunque para los demás parezca imposible.

b) Bloqueante: Para los pesimistas un problema o fracaso les bloquea la vida, todo es un desastre. Un problema profesional les impacta la vida familiar y la salud. Mientras que los optimistas saben compartimentar su vida y sus problemas. Nada es global, nada es suficientemente importante para  colapsarlo todo.

c) Personal: Los pesimistas tienden a considerar cada tropiezo como culpa suya, como resultado de sus limitaciones. Los optimistas, no obstante, saben relativizar su culpabilidad y aunque admitan su fallo, nunca se debe a que no sean capaces ya que están convencidos que la próxima vez saldrá bien.

Como prueba de optimismo extremo tenemos a Jim Carrey, en una escena de “Dos tontos muy tontos”. Cuando le pregunta a Mary cuáles son las posibilidades de que una chica como ella esté con un chico como él y si por lo menos es de 1 entre 100, Mary le responde que realmente es de 1 entre 1.000.000. Lo que para la mayoría sería un “no” rotundo, para Jim  es ¡síííí, tengo una oportunidad! (aunque sea entre un millón).

Y es que como dijo Winston Churchill: “El pesimista es la persona que ve un problema en cada oportunidad. El optimista es el que ve una oportunidad en cada problema”.

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