Monument Valley Tribal Park (Nación Navajo)

Gracias a John Ford, Monument Valley es uno de los paisajes más conocidos de EEUU. Hasta que el director de cine no nos mostró su belleza, los colonos blancos lo consideraban hostil y feo, pues era uno de los rincones más secos y escasamente poblado del suroeste americano, lo que hacía que se mantuviese protegido del resto del mundo.

El Parque Monument Valley se encuentra dentro de los 27.000 Km2 que forman la Nación Navajo o “Diné Bikéyah” como ellos la llaman, y que se extiende a lo largo de los estados federales de Utah, Arizona, Colorado y Nuevo Mexico. Es una nación dentro de otra, los EEUU, y de un tamaño superior al de Bélgica. Tiene su propio gobierno, policía y leyes (una de ellas es la total prohibición de alcohol, por lo que ninguna bebida alcohólica puede entrar en la nación Navajo).

Tse’Bii’Ndzisgaii (valle de las rocas) es como llaman los navajos al Monument Valley. No se trata en realidad de un valle, sino de una gran meseta situada a 1700m. sobre el nivel del mar cuyo nacimiento se remonta a unos 70 millones de años, cuando un brazo del golfo de Méjico cubría la región. Se llega por la carretera US163 que atraviesa la frontera de Utah y Arizona.

Tras pagar la entrada al parque, regentado por los propios nativos, los 27 km. de carretera de tierra y baches forman la ruta que permite disfrutar de la belleza de las diferentes formaciones rocosas.

Las más famosas de estas elevaciones son: West Mitten Butte (con su dedo señalando el cielo), East Mitten Butte, Merrick Butte (nombre de un aventurero que descubrió una mina de plata y fue asesinado por los nativos) y Mitchell Mesa (nombre de un buscador de oro asesinado también por los nativos).

En 1868 el gobierno americano, a través de un Tratado, le dio al pueblo navajo una modesta reserva que no incluía Monument Valley. Pocos viajeros se adentraban en el valle, pues la única razón era la búsqueda de oro, que siempre resultaba infructuosa. En 1933, cuando los colonos blancos habían perdido ya todo el interés por encontrar recursos mineros en la zona, el gobierno central decidió dárselo a los navajos.

Cinco años más tarde, Harry Goulding, un colono blanco amigo de los nativos que vivía en el borde noroeste del Monument Valley oyó por la radio que los estudios de Hollywood estaban buscando un escenario para su próxima película sobre el Oeste. Vio la oportunidad de mejorar su situación y la de los navajos, por lo que decidió ir a Los Angeles cargado de fotografías de la zona. Convenció al director de cine John Ford y volvió a la Reserva con un cheque de 5.000 dólares. Eso mejoró la situación de la Nación, no sólo por el dinero que había conseguido, sino porque muchos habitantes fueron contratados para hacer de extras (aunque interpretando el papel de Apaches).

John Ford filmó “Stagecoach” (en español “La Diligencia”) con un actor que estaba empezando, John Wayne. La película ganó dos Oscar y lanzó a John Wayne al estrellato. Esto animó al director a filmar seis películas más en el Monument Valley, entre ellas uno de los mejores westerns de la historia del cine: “The Searchers”. Cada película aportaba decenas de miles de dólares a la economía local.

Cuando John Wayne vio por primera vez el Monument Valley dijo: “Así que es aquí donde Dios puso el Oeste”.

Y también donde está el hogar de este orgulloso y valiente pueblo. Un pueblo cuya contribución en la II Guerra Mundial fue decisiva para la victoria de los aliados. Hecho que no fue reconocido hasta 2001, 56 años más tarde.

Los Navajo Code Talkers

Durante los primeros meses de la II Guerra Mundial, los japoneses saboteaban y descifraban los mensajes que en código transmitían las tropas americanas, emboscando a las fuerzas aliadas. Los americanos hacían códigos cada vez más complejos pero requerían hasta dos horas y media para ser descifrados.

El navajo era un idioma hablado sólo por el pueblo navajo, muy difícil de dominar si no se aprende desde niño y carente de alfabeto, por lo que se propuso utilizarlo como código militar. Reclutaron a 29 jóvenes navajos y crearon una unidad de élite, los “Navajo Code Talkers” que luego se iría ampliando en el transcurso de la guerra hasta más de 400 traductores. El código fue ingenioso y eficaz ya que un mensaje de tres líneas podía ser descodificado en 20 segundos.

Los traductores fueron enviados a las divisiones de marina en el Pacífico y fueron decisivos en la cruel batalla de Iwo Jima donde sólo en las primeras 48 horas realizaron más de 800 transmisiones.

Después de la guerra volvieron a casa pero sin los honores de héroes. Su código había tenido tanto éxito (las estadísticas dicen que más de dos millones de vidas fueron salvadas gracias directamernte al código) que se consideró un secreto militar y fue usado más tarde en el conflicto de Korea y en la guerra de Vietnam.

Hoy, la Navajo Code Talkers Foundation creada por estos veteranos de entre 80 y 90 años se dedica a preservar su historia, el código y el idioma navajo para las generaciones futuras.

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