La ley de Parkinson y la obsesión por estar ocupado

“Estoy todo el día liado, no tengo ni un momento”, “gracias a la blackberry porque necesito estar conectado a todas horas”, “¡uf!, tengo la agenda apretadísima”, “mi vida es un completo estrés”, “… es que no me dejan descansar, hoy aquí, mañana allá”… ¡Efectivamente!, vives sin vivir en tí. Tu trabajo es muy necesario y muy útil, ¡no te puedes relajar!

Y si no es así, si tu vida no es de locos, es que no eres nadie. ¿Cómo puede ser importante alguien que trabaja las horas justas, vive relajado o no se estresa? En esta sociedad actual si no estás super-ocupado, si no estás enganchado al móvil todo el día, si tu trabajo no va contigo vayas donde vayas, si no andas por la vida como si estuvieses realizando “una misión”… ¡desengáñate!, tu trabajo no es ni importante, ni relevante, ni meritorio… Y es que el valor del trabajo parece ser directamente proporcional al estrés que causa en lugar de al resultado conseguido.

Pero realmente ¿es necesario trabajar de 8 a 5?, ¿de sol a sol?, ¿de lunes a viernes?, ¿estar todo el día sin desconectar?. ¿Por qué primero fijamos un horario y luego decidimos qué hacer?

La Ley de Parkinson

El historiador inglés C. Northcote Parkinson, que sirvió como funcionario del imperio británico, analizó el funcionamiento de algunas instituciones del imperio en ultramar y observó que a medida que disminuía el número de colonias a administrar, aumentaba el número de funcionarios que trabajaban en ellas.

En 1955 publicó un artículo en la revista The Economist donde mostraba cómo los funcionarios se sobre-ocupaban en tareas de cuestionable necesidad y ese aumento de trabajo lo resolvían reclutando subordinados para que les ayudasen. Los nuevos funcionarios debían coordinarse entre ellos para informar al jefe, generaban papeles y más papeles y por supuesto, más trabajo que nada tenía que ver con el número de colonias que hubiese que administrar.

Northcote Parkinson resumió sus conclusiones en lo que hoy se conoce como la ley de Parkinson:

“El trabajo se expande hasta llenar todo el tiempo disponible para su realización”

Esta ley no es sólo aplicable a los funcionarios británicos, sino a todas las actividades que realizamos en nuestra vida. Así, para un trabajo de dos horas, si tenemos una semana para hacerlo, ese mismo trabajo nos llevará siete días.

Lo curioso es que dando más tiempo a una tarea no se consigue más calidad en el resultado sino, en muchos casos, todo lo contrario, menos calidad.  En cambio al limitar el tiempo, se logra aumentar el foco y la concentración en lo importante y esencial de la tarea y se restringen las interrupciones innecesarias.

Productivo o simplemente ocupado

El objetivo no es trabajar más horas o más intensamente, sino que es:

  1. hacer lo realmente importante de forma concentrada e intensa, sin interrupciones y en un tiempo limitado;
  2. no hacer lo que no es importante, y aprovechar ese tiempo para como dicen los anglosajones “parar y oler las rosas” (take time to stop and smell the roses) es decir, disfrutar de la vida.

Se trata, en definitiva, de aplicar el principio de Pareto y enumerar no sólo una lista de las cosas a hacer, sino aún más importante, una lista de las cosas que no hay que hacer.

En su libro “The 4-hour workweek”, Timothy Ferris nos recomienda:

  • Decidir qué es lo importante a realizar cada día: “Si esto es lo único que hago hoy, ¿estaré satisfecho con mi día?”
  • Forzarnos a responder varias veces al día las preguntas: “¿Estoy siendo productivo o simplemente estoy ocupado?” “¿Estoy inventando actividades para evitar hacer lo realmente importante?”

Timothy anima a hacer cosas como: leer los emails una vez al día limitando el tiempo para ello y sólo responder los que son importantes; no contestar al teléfono y dejar que la gente grabe su mensaje, luego responder sólo a aquellos que sea necesario hacerlo; no ir a las reuniones en las que no vayas a aportar nada, o bien, irte de las que pensabas que iban a ser interesantes y no lo son; etc.

Todo esto te dejará más tiempo para dedicarte a lo verdaderamente importante y para disfrutar del resto del tiempo con lo que te gusta: familia, amigos, leyendo, hobbies. Quizás se creará una imagen algo extraña de tí, pero con el tiempo tu eficiencia será reconocida.

La Ley de Parkinson también se aplica al dinero:

“Los gastos se incrementan hasta el nivel de ingresos”

Cuando vamos ganando más y más dinero, vamos aumentando nuestros gastos en la misma proporción, por lo que ni hemos disminuído la ansiedad ni aumentado nuestra satisfacción.

En definitiva, que no necesitamos más tiempo para hacer un trabajo de calidad, ni más dinero del necesario para sentirnos más satisfechos.

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2 respuestas a La ley de Parkinson y la obsesión por estar ocupado

  1. Sobresaliente, Pilar.

    Con tu permiso, lo comparto en mi muro de Facebook.

  2. Mireia dijo:

    Ups, yo no te he pedido permiso,pero los que me gustan los RT o los comparto, espero que te parezca bien.
    Respecto a las recomendaciones que T.Ferris, hay algunas que no comparto, aunque completamente de acuerdo que tenemos que organizarnos las horas y que haya de todo. Y definitivamente estoy de acuerdo con tu resumen.

    Un abrazo

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