La vejez no es una patología

Vivimos una media de 34 años más que nuestros bisabuelos, lo que supone una segunda vida de adulto completa. Es una etapa del desarrollo del ser humano que tiene su propio significado, su propia identidad, tan diferente a la mediana edad como la adolescencia lo es de la infancia.

Concebimos la vida en forma de arco: la infancia en el lado ascendente, llegando a la cima en la edad adulta y descendiendo hacía el declive al final de nuestros días. Sin embargo, muchos filósofos y científicos dibujan la vida como una escalera ascendente en la que los últimos escalones de la cima forman el tercer acto, la etapa donde convergen la sabiduría, la autenticidad y la integridad.

Es indiscutible que de la forma en que lleguemos a esta etapa, la suerte y la genética tienen mucho que decir, pero la edad en sí no es una patología sino un potencial. A pesar de tener más canas y más arrugas, nadie se muere de viejo. La gente fallece por enfermedades e infecciones, que tal vez son insignificantes cuando se es joven, pero nadie se muere por el simple hecho de hacerse mayor.

Jane Fonda nos dice en TED que estos años añadidos podemos hacerlos perfectos y diferentes. La mayoría de las personas de edad se sienten satisfechas con sus vidas, su espíritu se encuentra en la parte alta de la escalera, son más sabios, más auténticos y más íntegros. Miran la vida desde dentro, sin el estrés de crear un futuro y sin las presiones externas. Atrás quedó lo que los demás esperaban de ellos, o lo que decían qué eran, o lo que ellos pensaban de sí mismos,… Ahora es el momento de su auténtico yo, olvidándose de los miedos y disfrutando de la vida.

Este tercer acto es la etapa de la reflexión sobre las experiencias vividas y la recuperación de los sentimientos positivos con el pasado, descubriendo que muchas cosas que pensabas que eran culpa tuya o ideas que tenías sobre tí mismo, nada tienen que ver contigo. Cuando volvemos a redescubrir el pasado podemos modificar en nuestro cerebro antiguos patrones. Muchas relaciones con el pasado a lo mejor no han sido cerradas y nos sentimos inacabados,  es entonces cuando nuestra labor es la de acabar nuestra obra, nosotros mismos. Para saber dónde estás yendo tienes que conocer de dónde vienes.

Siempre se es joven porque el espíritu no envejece y su línea es ascendente. Leonard Cohen, quien a sus 77 años sigue en los escenarios, en su concierto en Londres en 2009 dijo: “La última vez que actué en Londres, hace 15 años, yo tenía 60 años y tan sólo era un niño con locos sueños. Desde entonces, he tomado muchos medicamentos, he estudiado a los filósofos, a las religiones,… y a pesar de todo ello, la alegría siempre aparece en mi vida.”

“Jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será”.
Miguel de Unamuno
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